Kender se movió como una sombra entre los troncos y rocas que había en la ladera de la colina. Ya había despachado a cuatro goblins que estaban vigilando desde las alturas. Scagortles le seguía de cerca rematando algún enemigo vivo. Ambos se detuvieron detrás de un arbol caído, a una docena de metros de la trinchera superior, llena de rocas. Era el momento del asalto final. Kender no dudó, saltó de su posición y se lanzó a por los goblins, seguido torpemente por el mediano. Su estoque se abrió camino entre ellos que desconcertados ni siquiera pudieron dar la voz de alarma. Pero eran demasiado goblins y no pudieron evitar que se diese la voz de alarma. Al menos los habían neutralizado....
